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Published (21 diciembre, 2002)

Su esbelta figura emerge en la esquina de Florida y San Martin a modo de proa del centro porteño.

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Lo construyeron en sólo 14 meses y fue el más alto de Buenos Aires. Comparte honores con la Torre Eiffel, la represa de Assuan y el canal de Panamá.

Por Willy G. Bouillon de la Redacción de LA NACION.

 

«Una vez despedí a mi hijo, que se iba en barco a Europa, agitando una bandera en el balcón. Lo pude hacer porque veía el río. Pero levantaron las torres de Catalinas y cambió todo. Me molestó tanto que casi me mudo», dice Albertina Lamarca de González Moreno.

A sus 91 años, mantiene frescos los recuerdos de aquellos vecinos que tuvieron el privilegio de inaugurar el Kavanagh. Esto ocurrió oficialmente el 15 de enero de 1996 y desde entonces ocupa el octavo piSO.

Corina (Cora) Kavanagh reunía los dos ingredientes indispensables para decidir la construcción del edificio de hormigón armado más alto de América del Sur: a su gran fortuna se unía una personalidad inclinada a afrontar grandes
desafíos. Lo encargó a los arquitectos Ernesto Lagos, Gregorio Sánchez y Luis Maria de la Torre, que iniciaron la obra en 1934, imponiéndole un estilo de geometrías simples y sin ornamentos, y la entregaron 14 meses después, un récord para una estructura de semejante volumen, que incluye terrazas con jardines (algunos árboles pueden divisarse desde la calle).

Cora Kavanagh se reservó para ella el piso 14, de 700 m2, que en 1948 vendió a Henry Roberis. De 140 m2 son las unidades de menor amplitud. Con sus 120 metros de altura máxima (posee cinco alas yuxtapuestas, con un total de 33 pisos) superó los 90 metros del Palacio Barolo, su antecedente en cuanto amayor porte, y fue el primero que contó con aire acondicionado central. «Hace unos 40 años se rompió el sistema y nunca se lo arregló. Se instalaron esos horribles aparatos que dan al exterior», lamenta la señora de González Moreno.

Tiempos pujantes

Eran tiempos pujantes. Buenos Aires crecía horizontal y verticalmente y se afianzaba como una de las grandes metrópolis del mundo. En esa zona de Retiro, el Kavanagh completo una postal clásica, que también integran la Torre de los Ingleses, la plaza San Martín con la magnifica estatua ecuestre del prócer que esculpió Luis Joseph Daumas, el hotel Plaza Marriot y la basílica del Santísimo Sacramento.

Del Plaza -donde se hizo la fiesta de inauguración- lo separa el pasaje llamado Corina Kavanagh (entre Florida y San Martín), uno de los pocos de la ciudad en donde no hay ninguna vivienda. Ese mismo año, 1936, la formidable
construcción obtuvo el Premio Municipal de Casa Colectiva y de Fachada, y en 1939 recibió similar distinción del American Institute of Architects. Por sus características técnicas, compartió un galardón con la Torre Eiffel, la Represa de Assuany el Canal de Panamá, otorgado por la Sociedad de Ingenieros de los Estados Unidos. Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1999.

Pioneros y nuevos ricos

Otras familias «pioneras» fueron los Pérez Companc, Dodero, Martinez de Hoz, Rocca, Anchorena, Huergo, Guerrico y Colmegna. Muchos eran inquilinos que después compraron, «favorecidos por la ley de alquileres de Perón, que obligó a Cora a vender muy barato. Más tarde aparecieron los nuevos ricos. Después, la inseguridad. Ya no puedo dejar abierta la puerta del palier», comenta nuestra entrevistada.

Una adversidad que padecieron todos los habitantes del edificio fue la plaga de ratas y murciélagos. A quienes no podían concebir que esto pasara en un lugar como ese debió recordárseles que también tales incursiones eran comunes en el palacio de Buckingham. Se aprobó la iniciativa de combatir las ratas con hurones, sin tener en cuenta la astucia de aquéllas, que sedujeron a quienes debían ser sus exterminadores, con irresistibles cualidades sensuales. La alternativa de usar veneno para combatir ratas y murciélagos se desestimó por su peligrosidad. Debió esperarse hasta la aparición de procedimientos más adecuados.

César Pelli, el arquitecto de las torres Petronas de Kuala Lumpur, calificó el Kavanagh como el «único» rascacielos de Buenos Aires, comparándolo sólo con el Chrysler de Nueva York. Aunque como altura fue superado por el Alas (130 m), de la avenida Alem al 700, y más aún por el Le Parc (170 m.) en Oroño y Cerviño, ninguno de ellos posee el carácter emblemático del Kavanagh. Su esbelta figura que emerge en la esquina de Florida y San Martín parece la proa del centro porteño.

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